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De Suiza a la Mitad del Mundo

Extracto del libro:

De los Andes a la Amazonía del Ecuador: diario de un explorador 1939 - 1946

“Era octubre del año 1939. La Segunda Guerra Mundial ya había estallado cuando KTG y su familia inició el viaje hacia el Ecuador. Las luces apagadas, los frecuentes controles y los racionamientos indicaban los fuertes cambios que Europa sufriría desde ese momento.

El ferrocarril soplaba fuertemente en su ascenso zigzagueante por la pendiente de la Nariz del Diablo, más arriba de Sibambe. La subida era posible gracias a los emocionantes avances y retrocesos de la locomotora que, alternativamente, tiraba desde adelante o empujaba desde atrás. Todo esto sucedía muy lentamente... Para los pasajeros, esta era una experiencia inolvidable.

Pasada la Nariz del Diablo, el viaje prosiguió a buen ritmo hacia Cajabamba, cerca de Riobamba, una de las ciudades importantes de la Sierra. Desde allí continuaron en automóvil. En el trayecto hubo buen tiempo, así que había una buena vista de los nevados: el Chimborazo, con 6267 metros, la tercera montaña más alta de América Latina; también el Cotopaxi, con 5897 metros, ubicado muy cerca de Latacunga. Fue una vivencia única. Este tramo fue rápido y pudieron llegar a su destino el mismo día.

Zarparon de Rótterdam a bordo del S.S. Costa Rica. En medio de continuas tormentas, atravesaron las agitadas aguas del Canal de la Mancha y el Golfo de Vizcaya hasta la isla de Madeira, donde tanto el clima meteorológico como político se tornó más relajado. El capitán contó, entonces, que durante este tramo del viaje, en tres ocasiones, había avistado minas flotantes. ¡Y cuántas más habrán pasado desapercibidas! Tiempo después, el S.S. Costa Rica fue incautado por el gobierno inglés para uso militar y, finalmente, hundido en combate durante una evacuación de tropas aliadas desde Grecia hasta Egipto en 1941.

Los próximos puertos fueron: Barbados, donde estaba prohibido llevar cámaras fotográficas a tierra; Trinidad; La Guaira, en Venezuela, con una breve parada en Caracas, y, finalmente, Colón, en Panamá, donde se hizo el trasbordo al buque Santa María, de la compañía Grace Line. El viaje prosiguió por el Canal de Panamá a Buenaventura, en Colombia, hasta el puerto ecuatoriano de Guayaquil.

Era finales de noviembre. En Guayaquil el calor era sofocante, por lo cual se tomaron el tiempo justo para cumplir con las formalidades migratorias. 

El viaje a Quito, la capital del Ecuador, resultó particularmente interesante y variado. Salieron en la madrugada hacia el pueblo de Durán, frente a Guayaquil, para tomar el ferrocarril hasta Cajabamba. Inicialmente atravesaron la región tropical, de pequeños pueblos y plantaciones de banano, caña de azúcar, cacao y café. Garzas blancas de patas largas embellecían el  verde paisaje. De repente, el panorama se hizo más agreste, pero romántico a la vez, bordeando arroyos caudalosos, peñascos, viejos árboles torcidos, hasta llegar a Sibambe, empalme importante del ferrocarril, donde un hormigueo de comerciantes ofrecía todo tipo de mercancías y un sinnúmero de pequeños puestos de comida se encargaba de la alimentación de los viajeros.

Esta primera expedición guarda el ánimo de un “descubrimiento“, de algo que se inicia. Entre las experiencias más recordadas por KTG está el primer encuentro con los indígenas de la selva, los entonces llamados “jívaros“: sus costumbres, su comida típica, su chicha de yuca masticada. El respeto de KTG, desde su primer encuentro con un jívaro en las cercanías de Méndez, se mantuvo siempre y le permitió entablar buenas relaciones con los diferentes grupos de indígenas durante toda su estadia en el país.“

Quito, ubicada al pie del volcán Pichincha, contaba con un centro histórico bien conservado y caracterizado por numerosas iglesias y monasterios. Era una especie de ciudad joya. Tenía aproximadamente 300.000 habitantes que vivían y trabajaban en bellas casas construidas al estilo colonial. Los tranvías atravesaban de sur a norte y conectaban los extremos de la ciudad, que empezaba a crecer en ambos sentidos.”  


De los Andes a la Amazonía del Ecuador

Extracto del libro:

De los Andes a la Amazonía del Ecuador: diario de un explorador 1939 - 1946

“Durante su estadía en el Ecuador, KTG organizó diez expediciones a la selva con el propósito de efectuar investigaciones geológicas detalladas y evaluar potenciales yacimientos de petróleo. El área de investigaciones se situaba a lo largo de la Cordillera Oriental de los Andes, caracterizada por una densa selva y numerosos afluentes pequeños y grandes del gran río Amazonas.

El ascenso al cráter del Reventador y el “re-descubrimiento” de la Caída que hoy se conoce como “San Rafael” representaron el clímax de las expediciones de KTG en el Ecuador.”

Desde Quito se conocían tres rutas de entrada que conducían a las zonas norte, centro y sur de la cuenca amazónica del Ecuador.

Estas expediciones se planeaban y organizaban cuidadosamente, pues en medio de la selva no existía mayor infraestructura vial, los lugares de alojamiento eran escasos y adquirir provisiones, en general, era muy difícil. La población de la selva se componía de las comunidades indígenas, pequeños grupos de colonos ecuatorianos y extranjeros, misiones religiosas y remotas guarniciones militares.

El correo postal, la comunicación por radio y teléfono prácticamente no existían. Rara vez se presentaba la oportunidad de enviar cartas o noticias a la familia y, por lo general, tardaban semanas en llegar a su destino. Hacía falta suerte para enviar un saludo a la casa desde una radio operable en alguna estación militar.

Las expediciones duraban de dos a cuatro meses. Esto significaba que se debía acarrear todas las provisiones alimenticias, medicamentos, herramientas, instrumentos, material de carpas, cocina y repuestos para períodos prolongados.

La preparación de las expediciones era ejecutada por el técnico ecuatoriano Santiago Baca, quien adelantaba los arreglos logísticos y de personal antes de la salida del equipo de investigación desde Quito.

Santiago Baca, llamado “Shili” por todos, era el mejor guía de las expediciones, colega y amigo de mi padre. Lo acompañó y asistió en casi todos los viajes y se preocupaba por el buen desarrollo de los mismos. “Shili” era original de la zona de Méndez y Macas; conocía muy bien la selva y a sus habitantes, con quienes se comunicaba incluso en lenguas nativas. La relación de “Shili” con KTG fue de respeto y amistad.

En las expediciones, con herramientas y métodos muy básicos, se realizaban también levantamientos cartográficos, mediciones y cálculos estimados que fueron de mucha utilidad, pues varias de las zonas visitadas no constaban en detalle en los mapas de la época. En Quito se ordenaban los croquis levantados en medio de la selva. Entre los diseñadores que lo hacían estaba Jan Schreuder, el reconocido artista figurativo.

Si bien los viajes tenían establecidas tres zonas, cada expedición se realizaba con variantes en las entradas, el destino final y el retorno. Para llegar a las diferentes entradas a las zonas selváticas, se utilizaban casi siempre las camionetas de la compañía o, en el caso del acceso a la zona sur, se tomaba el tren o autocarril desde Riobamba o Cajabamba. La carretera de Riobamba a Cuenca no estaba terminada en su totalidad.

La entrada a la zona norte, para llegar a la región del Río Coca, seguía, desde Guápulo, la ruta tomada por el español Francisco de Orellana, en 1541, en su célebre travesía por el río Amazonas hasta Brasil. El viaje en camioneta terminaba a la altura de Pifo, donde esperaban los arrieros con caballos y mulas para cargar y conducir la expedición hacia las zonas bajas de Papallacta y Baeza.

En cambio a la zona central era posible acceder por la carretera que iba desde Quito, pasaba por Latacunga, Ambato y Baños, hasta El Topo. Aquí terminaba la carretera, hasta que años más tarde se concluyó la construcción del puente que cruza el río Negro y permitía continuar hasta Mera y Shell Mera.”



Ruta Sur 

Extracto del libro:

De los Andes a la Amazonía del Ecuador: diario de un explorador 1939 - 1946

“Las expediciones de KTG se iniciaron por la Ruta Sur en enero de 1940. Un año más tarde, otra de sus expediciones volvió a la misma ruta, cuya entrada era la región de Paute, en la provincia del Azuay, y continuaba por Méndez, Macas, Chiriapa y Tunduama, entre los ríos Santiago, Bobonaza y Pastaza. 

Este primer acercamiento de KTG a la Amazonía del Ecuador, requirió un buen plan logístico y una serie de materiales informativos como mapas, historia de la región e inclusive un improvisado “diccionario“ jívaro – español. Santiago Baca preparó esta expedición intentando reducir al mínimo todo posible contratiempo en cuanto a contratación de arrieros y cargadores, gestión de hospedaje en los poblados y preparación y construcción de canoas y balsas. Sin embargo, en la ruta nunca faltaron las sorpresas. 

La primera expedición por esta ruta se inició en tren desde Quito hasta Riobamba y luego en “autocarril“ desde Alausí hasta El Tambo. El punto final de la red ferroviaria era, en ese entonces, Biblián. Esta era la única vía, pues la carretera de Riobamba a Cuenca no estaba terminada en su totalidad. En la primera expedición, además, se realizó un trasbordo en camión para el tramo que iba desde El Tambo hasta Paute. 

El descenso desde el altiplano y los páramos hacia el Oriente, a caballo y en mula, el aumento progresivo de la humedad, los vaivenes del clima y las difíciles condiciones del terreno: lodo, densa vegetación, topografìa accidentada y ríos caudalosos, provocaron en KTG un registro detallado en diarios de campo y corespondencia, además de sus fotografías. 




Ruta Central 

Extracto del libro:

De los Andes a la Amazonía del Ecuador: diario de un explorador 1939 - 1946 

“Entre los años 1943 y 1944, KTG realizó tres expediciones hacia la zona central de la Amazonía del Ecuador. Esta ruta se iniciaba en automóvil por la vía Ambato, Baños, Topo. Se cruzaba el río Topo a pie por un puente provisional, para del otro lado continuar en automóvil hasta Shell Mera. De allí se seguía por los medios usuales del Oriente, es decir, a pie, en canoa o balsa. 

En la última visita a esta zona, el viaje a Shell Mera desde Quito se realizó en un avión de Panagra. En esa misma expedición, se visitó el recientemente creado campamento de Arajuno, en el que estaba prevista la primera perforación exploratoria de petróleo en el Oriente ecuatoriano. 

En esta ruta, también se presentaron muchas contingencias de transporte, de personal, y dificultades por la configuración del terreno, los cauces de los ríos y la crudeza del clima. Afortunadamente, KTG siempre contó con el apoyo de su “mariscal” de expediciones, Santiago “Shili” Baca. 

Debido a la falta de canoas en el río Yasuní, la expedición optó por remolcar las canoas por tierra, a través del bosque. Tras vencer una distancia de ocho kilómetros en tres días de arduo trabajo, pudieron seguir navegando, como lo comenta en la correspondencia. 

Estas expediciones contaron con instrumentos más modernos para la comunicación y el transporte. Al equipo de viaje se sumó un radio transmisor que debía establecer contacto con la Capital y otros campamentos. Sin embargo, los equipos de esos años eran muy frágiles, sujetos a continuos daños en su sistema electrónico y requerían mucha energía, por lo tanto, de pesadas baterías. A veces el aparato no podía transmitir, pero recibía señal, hasta que al final enmudecía. En su frustración, KTG comenta, aunque no llegó a cumplir, su deseo de tirar el aparato al río. 

También se inició el uso de aviones anfibios hacia el Oriente, sobre todo para el abastecimiento de los campamentos de investigación geofísica, que se estaban instalando en varios lugares de la zona. Con este sistema logístico mejoró el envío de cartas y reportes hacia Quito.” 




Ruta del Norte 

Extracto del libro:

De los Andes a la Amazonía del Ecuador: diario de un explorador 1939 - 1946 

“Desde 1940 hasta 1946, año en que salimos del Ecuador, KTG realizó cinco expediciones a la zona norte de la Amazonía ecuatoriana. 

Esta ruta, conocida como la “Ruta de Orellana”, partía en automóvil desde Quito, bajando por Guápulo y avanzaba hasta Pifo, donde esperaban los arrieros con caballos y mulas. Cruzado el páramo, se penetraba en el Oriente por Papallacta y Baeza hasta llegar al río Coca. Allí se iniciaba la navegación por canoa o balsa. 

La ruta norte tenía un especial significado para KTG por varios motivos: su curiosidad de investigador profesional y su afición por la fotografía y el andinismo. En su expedición de fines de 1944 e inicios de 1945, investigó el área del volcán Reventador, que pocos años antes había tenido una significativa erupción. Su afán de escalar este volcán poco conocido se hizo realidad el 24 de diciembre de 1944. Junto a un pequeño grupo de sus colaboradores, entre ellos naturalmente “Shili” Baca, llegó al cráter. 

Después del militar ecuatoriano Luis Telmo Paz y Miño, quien escaló el Reventador en 1931, nadie había explorado el volcán, ni siquiera se conocía con certeza las coordenadas exactas de su ubicación. 

Tras el descenso desde el volcán Reventador, la expedición siguió por el río Coca hasta encontrar la que hoy conocemos como la Caída de San Rafael. Durante décadas no habían existido reportes de viajeros o registros geográficos o fotográficos de este fenómeno natural. Los indígenas sabían de su existencia, pero no tenían una ruta establecida hacia este punto. 

La altura, la fuerza y belleza de la Caída de San Rafael, en medio de la selva, impresionó a KTG, quien durante dos días debió abrirse camino, entre la vegetación, para alcanzar la luz necesaria y  lograr los primeros registros fotográficos en color de esta caída. 


En el marco de los esfuerzos internacionales para el establecimiento de Parques Nacionales en el Ecuador, entre 1968 y 1969, el Fondo Mundial para la Vida Silvestre - World Wildlife Fund (WWF)- contactó a KTG, a través del Dr. Paul Shauenberg, para solicitarle la información levantada en esta región durante sus expediciones e incluirla en las bases del proyecto de delimitación de un parque en esta zona.

Hasta 1968, ninguna otra persona había visitado el cráter del Reventador. Así mismo, el WWF sugirió ponerle a esta caída el nombre de “Caída Goldschmid”, a lo que KTG se negó de manera categórica. 

Así mismo, en este último recorrido a lo largo del Coca, sus mediciones y bosquejos sirvieron para rectificar el trazado del cauce del río que constaba en los mapas de la época.